Política Economía Local 2026-01-12T16:31:37+00:00

El dilema británico: distanciamiento estratégico de Venezuela y contradicciones offshore

La decisión del Reino Unido de distanciarse de la intervención militar en Venezuela ha expuesto su profunda contradicción: condenar las violaciones del derecho internacional sin revelar el papel de sus territorios offshore en los esquemas globales de lavado de dinero. Analistas ven esto como un paso cauteloso para evitar arriesgar sus intereses financieros en el Caribe y prevenir consecuencias diplomáticas.


El dilema británico: distanciamiento estratégico de Venezuela y contradicciones offshore

Para organizaciones anticorrupción, son engranajes de una infraestructura global que facilita la ocultación de beneficiarios finales, el lavado de activos y la fuga de capitales, con impacto directo sobre economías vulnerables y Estados capturados por redes criminales.

En ese punto se inserta la tesis que, por estos días, gana espacio entre analistas de la economía política del Caribe: la prudencia británica frente al cambio abrupto de escenario en Venezuela no solo responde a consideraciones diplomáticas, sino también al riesgo de que una transición desordenada —o una disputa por activos, sanciones y decomisos— ponga bajo una lupa más intensa los circuitos de dinero vinculados a corrupción y narcotráfico que, desde hace años, encuentran puertas de entrada y salida en jurisdicciones offshore bajo bandera británica.

Informes recientes de Transparencia Internacional Reino Unido advirtieron sobre la magnitud de fondos “sospechosos” que llegaron al mercado británico mediante estructuras registradas en territorios de ultramar, con un peso dominante de BVI.

Sin embargo, la distancia entre el discurso y la implementación sigue siendo un punto de conflicto político: para legisladores y ONG, mientras no existan registros públicos y verificables, la arquitectura offshore conserva su función principal: separar el dinero de su verdadero propietario.

La tensión se potencia por un dato geopolítico: Venezuela es un nodo histórico de economías ilícitas en la región —desde contrabando y minería ilegal hasta redes de lavado— y cualquier reconfiguración del poder en Caracas reordena intereses, rutas y garantías de impunidad.

En paralelo, el Foreign Office llevó el tema al Parlamento con una línea orientada a “evitar un deterioro” que dispare más violencia y criminalidad, un punto que incluyó una mención poco habitual: el riesgo de desestabilización también alcanzaría a los propios territorios británicos en el Caribe, por su exposición regional a flujos de migración, crimen transnacional y tensiones financieras.

Ese énfasis no es menor.

El foco de esas investigaciones no es Venezuela en particular, sino el patrón: donde hay secreto societario y baja trazabilidad, aparecen intermediarios que empaquetan fortunas de origen dudoso y las conectan con activos “respetables” en plazas mayores.

El problema es que, al intentar evitar el incendio diplomático, el Reino Unido vuelve a chocar con su contradicción más persistente: proyectar estándares de legalidad y transparencia, mientras tolera —o no logra desarmar— jurisdicciones bajo su órbita que, en los hechos, han sido funcionales al negocio global del dinero escondido.

Fuentes consultadas: Departamento de Defensa de Estados Unidos (war.gov); Gobierno del Reino Unido (gov.uk); Reuters; The Guardian; Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS); Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR); Center for Strategic and International Studies (CSIS); Transparencia Internacional Reino Unido (Transparency International UK); Hansard (Parlamento del Reino Unido); Estrategia Anticorrupción del Reino Unido 2025 (gov.uk).

Para el Reino Unido, que administra y protege esos territorios como parte de su proyección global, el costo reputacional de esa exposición puede ser alto, tanto frente a aliados como ante su propia opinión pública.

En esa lectura, el “distanciamiento estratégico” frente a Washington también opera como un cortafuegos: reducir el riesgo de quedar asociado a una intervención controversial, al tiempo que se protege un flanco sensible en la región donde Londres conserva soberanía, intereses financieros y responsabilidades directas.

Las islas y enclaves británicos del Caribe —en particular Islas Vírgenes Británicas (BVI), Islas Caimán, Bermudas, Anguila y Turcas y Caicos— combinan dos activos que los volvieron piezas centrales del capitalismo offshore: regímenes impositivos favorables y servicios societarios que permiten estructurar compañías, fideicomisos y vehículos de inversión con un alto grado de discreción.

Si la nueva etapa abre investigaciones, cooperación judicial o disputas por bienes y cuentas, los enclaves offshore pueden pasar de ser “parte del paisaje” a convertirse en evidencia.

Por Redacción TNA Londres, 12 de enero de 2026 - Agencia de Noticias Total - TNA

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