A lo largo de los siglos, las sociedades humanas desarrollaron distintos sistemas para ordenar el paso del tiempo, en función de sus creencias, actividades productivas y formas de organización colectiva. Las evidencias más antiguas de medición del tiempo se remontan a miles de años antes de nuestra era. Entre ellas figura un sistema descubierto en Escocia con una antigüedad estimada de 10.000 años, que da cuenta de la necesidad temprana de las comunidades humanas de anticipar ciclos naturales clave como las estaciones y las fases lunares. En el mundo romano, el calendario atravesó múltiples transformaciones. Sus primeras versiones carecían de meses para el invierno y estructuraban el año en torno a diez períodos que comenzaban en marzo, momento asociado al reinicio de la actividad agrícola y al culto al dios Marte. Con el tiempo, ese esquema evidenció desajustes respecto del transcurso real de las estaciones. Para corregirlos, en el siglo VII a.C. el rey Numa Pompilio incorporó dos nuevos meses: enero y febrero. Sin embargo, el uso de referencias lunares impidió lograr una correspondencia precisa y estable con el año solar. La reforma más influyente se produjo en el año 45 a.C., cuando Julio César impulsó un calendario basado en el movimiento del sol. Ese sistema, conocido como calendario juliano, estableció una duración anual de 365 días y fijó el comienzo del año en enero, en alusión a Jano, divinidad asociada a los comienzos, las puertas y los pasajes. Pese a su difusión, la fecha del Año Nuevo continuó siendo diversa durante siglos. En varios territorios cristianos, el inicio del año se celebraba el 25 de marzo, jornada vinculada a la Anunciación y al inicio simbólico de la vida de Jesucristo. La estandarización definitiva llegó recién en 1582, con la promulgación del calendario gregoriano por parte del papa Gregorio XIII, que introdujo el sistema de años bisiestos para corregir los desfasajes acumulados. El calendario que hoy rige en gran parte del planeta —el gregoriano— es el resultado de una extensa sucesión de ajustes y consensos, y no una convención inmutable desde sus orígenes.
La evolución del calendario: de sistemas antiguos al gregoriano
A lo largo de los siglos, la humanidad creó diversos sistemas para organizar el tiempo. Desde las antiguas observaciones escocesas de las fases lunares hasta las reformas de Julio César y el establecimiento definitivo del calendario gregoriano en 1582, la historia del calendario refleja cambios culturales y científicos.